Lograr un balance entre placer y disciplina puede llegar a ser complicado. Normalmente al ponernos metas iniciamos motivados y con disciplina, pero llega el momento en el que la comodidad suena mejor que el trabajo. El placer no necesariamente tiene que ser algo malo, solo es algo que tenemos que aprender a disfrutar y saber cuándo decir que no para no caer en hábitos que queremos cambiar.
Disciplina
Disciplina
1. f. Obediencia a las reglas que rigen la actuación o el comportamiento de una persona o de un grupo de personas. Para ser un atleta se necesita mucha disciplina.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.7 en línea].
La disciplina es la constancia en nuestras decisiones y acciones. Muchas, si no es que todas las metas requieren de disciplina. Si quieres tener un cuerpo sano, iniciar un proyecto, dominar una habilidad, todo requiere de constancia.
La disciplina es un valor que todos deberíamos de aprender a dominar en cierto punto de nuestra vida, ya que es esencial para nuestro crecimiento como personas. Tal vez cuentas con disciplina en tu trabajo porque te lo exige alguien más y hay recompensa segura (salario), pero debemos llevar la disciplina un paso más y poder hacer las cosas por y para nosotros, sin esperar un beneficio a corto plazo.
Puedes empezar a practicar la disciplina en pasos pequeños. Por ejemplo, si quieres que el ejercicio sea un hábito, comienza caminando 10 minutos diarios, haciendo ejercicio 2 veces a la semana, o cualquier tipo de ejercicio que te sea accesible para que no tengas excusa y define una frecuencia mínima que te sea alcanzable. Tenemos que empezar a hacer pequeños compromisos con nosotros mismos que nos hagan avanzar.
Lograr cumplir las “pequeñas” metas que nos ponemos nos hace tener confianza en nosotros mismos. Cuando cumplimos con nuestra palabra, confiamos más, nos atrevemos a proponernos más.
Placer
Placer
1. intr. cult. Agradar o causar placer a alguien. Cada uno puede hacer lo que le plazca.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.7 en línea].
El placer es parte de la experiencia humana. Existen muchas cosas que nos pueden causar placer como comida, entretenimiento, compañía, etc. Si reflexionas en las cosas que te dan placer puede ser que muchas caigan en un área negativa, no aportan a tu vida y al contrario te hacen mal. Por ejemplo, comer comida chatarra es un placer muy grande pero descuidas tu salud. Ahora, puede ser que haya cosas consideradas saludables que causan placer como por ejemplo hacer ejercicio, pero un exceso de ejercicio puede resultar dañino.
Existe una línea en la que las cosas que hacemos por placer se vuelven adictivas, cada que buscamos un sentimiento placentero buscamos estas cosas para estar bien. Identifica muy bien cuándo buscas placer por ocio y cuándo es porque de verdad quieres. Haciendo este ejercicio de reflexión cada vez que busques placer, lograrás entender en qué momentos buscas este sentimiento y a la vez identificar si se ha convertido en una dependencia
Balance entre placer y disciplina
Se dice que “todo en exceso es malo” tanto si caemos en el exceso de disciplina como el exceso de placer, estamos sacrificando una parte de nosotros. Si le damos todo a la disciplina y no dejamos espacio para el placer, puede ser que dejemos de disfrutar y vivamos casi robóticamente. Si le damos todo al placer, nos perdemos de una parte de nosotros que quiere cambiar y crecer.
Aprender a disfrutar los cambios y saber que es para lograr un deseo que nos planteamos desde un inicio, nos ayuda a apreciar la disciplina. Al ser constantes con lo que nos propusimos, podemos estar orgullosos de nosotros mismos y sentirnos merecedores de placer. Cuando somos conscientes de que hacemos algo por placer y al mismo tiempo sabemos que no vamos a convertir ese placer en un hábito, se vuelve más disfrutable tanto la disciplina como el placer.
Cada vez que tomamos una decisión nos acercamos o nos alejamos de nuestra versión deseada. Se vale tomar descansos, se vale equivocarse, pero siempre hay que recordar el propósito, el por qué queremos ser disciplinados en algo y darle las acciones necesarias para hacer la vida que queremos.