En nuestra vida nos vamos a encontrar con malas experiencias una y otra vez, esto es inevitable. Aún y cuando caemos en etapas bajas de nuestra vida, debemos saber que todo es temporal y saldremos adelante. Entre más rápido lo aceptamos, más rápido salimos de la mala racha. No hay prisa, hay dolores más grandes que otros, todo a su tiempo, todo con calma, todo estará bien tarde o temprano.
Las malas rachas son inevitables
Pensar que cada cosa mala que nos pasa nos merecemos por alguna u otra cosa puede llegar a ser tóxico. Si bien es cierto que cada acción que tenemos tiene una reacción, aún y cuando actuemos bien nos podrán llegar malos ratos en nuestra vida. ¿Por qué? Porque coexistimos.
Si yo mantengo mi pedacito de la calle limpio y mi vecino no, llega un aire y en un segundo mi cochera ya está llena de polvo, polvo que el vecino dejó en su pedazo de la calle. No podemos ir controlando las acciones de todos los que nos rodean, solo podemos hacer lo que nos corresponde y ayudar si es que se nos pide y está en nuestras posibilidades.
Y así como nos afecta lo que nuestros seres más cercanos hacen o lo que les sucede, también nos afecta lo de la colonia, el municipio, el país, el mundo. Tal vez suena un poco abrumador porque, si es así, ¿Cómo tomaremos el control de nuestra vida?
No existe tal cosa como el control total
Sí podemos controlar algunos aspectos de nuestra vida, pero aún y cuando creemos que lo hemos hecho todo bien, el cambio viene. El cambio es inevitable y no nos queda más que darle la bienvenida cuando llega. Resistirnos al cambio natural de las cosas nos frustra, en cambio si nos adaptamos a él, aprendemos cosas nuevas y nos abrimos a nuevas experiencias.
El cambio puede ser percibido como bueno o malo, dependiendo de nuestra situación. Si es un cambio que nos beneficia lo aceptamos fácilmente, cuando es un cambio que consideramos malo, nos cuesta aceptarlo. Al aceptar el cambio bueno o malo, nos abrimos a trabajar con él y usarlo para crecer.
Cómo extraer lo bueno de malas experiencias
1. No reprimas tus sentimientos
No creo que todas las malas experiencias tengan “algo bueno” o un “significado” detrás. El mal existe en este mundo queramos o no. Cuando nos sucede algo malo es importantísimo no negarlo, hay que llorar si es necesario, hacer el coraje que necesitemos, sentirlo y expresarlo (sin hacer daño a nadie). Una vez que lo sentimos, sin intentar reprimirlo, inicia nuestro proceso de sanación.
2. Haz introspección
Después de sentir nos podemos preguntar por qué nos sentimos así, empezar a explorar la situación y nuestros sentimientos hacia ella. ¿Por qué me afecta tanto? ¿Me siento culpable? ¿Lo pude haber evitado? Al final es importante que no te culpes por lo sucedido, si es algo que causaste, acepta la responsabilidad y haz un compromiso contigo para poder evitar o disminuir las posibilidades de que vuelva a pasar.
3. Aprende
Los contrastes son necesarios en la vida y nos enseñan la verdadera esencia de las cosas. No conocemos lo dulce, hasta que probamos lo agrio. No podríamos disfrutar del calor, sin haber experimentado el frío (o viceversa). Las malas experiencias nos enseñan de lo bueno de la vida y de resiliencia.
Cada vez que superamos un mal rato, nos volvemos un poco más fuertes y podemos seguir con la vida con una nueva actitud o una nueva visión de la vida.
4. Crece
Cuando una mala experiencia llega a nuestra vida, tenemos de 2 o nos quedamos hundidos o agarramos fuerza para crecer. Superar con inteligencia emocional cada mala etapa nos lleva más alto de lo que estábamos antes. Los conflictos traen una oportunidad de transformación. Cuando hacemos el trabajo interno necesario para avanzar, es como si re-naciéramos siendo una nueva persona. Salimos siendo una mejor versión de nosotros mismos.
Aprende a abrazar el cambio día a día. Practica adaptarte a las circunstancias. Cuando un camino se cierra, prueba con vías alternas o considera otro destino. Si nos adaptamos al cambio, podemos recuperar un poco de control sobre nuestras vidas.